27/12/2010

El último de la fila

Salió la lista. La relación por antonomasia. 691, 866, 963, 1093, 1136, 1144. No son números primos. Son lugares tangibles, las marcas de "hasta aquí llegó la riada", las flechas y referencias que situan nuestros colegios públicos en relación con otros colegios de nuestra región.
No me siento contento. No hay ningún motivo para la alegria de quienes defendemos la enseñanza pública. Nos colocan en la cola; en el farollillo rojo de la clasificación general de centros docentes. Los números clasifican y nombran, además, a lo que los pedantes llaman "la comunidad escolar" y a sus elementos integrantes: los profesores, las autoridades acádemicas y administrativas de la cosa, alumnos y las familias.
Pero ni nos movemos ni nos sirven de acicate. Ni el dibujo que efectuán del presente y futuro cercano de nuestra ciudad merece un mal comentario de nadie. Ni unas tristes líneas de los medios públicos de información, enfrascados en asuntos "serios" como parkings, triples filas de vehículos, almacenes logísticos o subvenciones golfas a grandes superficies. Ni un mal comentario de nuestro primer edil, de su delegada, de su director general de la cosa, de las multiples comisiones, mesas y plataformas preocupadas y ocupadas, eso dicen, en este asunto. Es triste. Pero hay que acostumbrarse. Es lo que hay. Pobres niños. Pobres.