Aquí, en este Real Sitio y Villa, subsistimos gracias al Plan Zapatero. Los parados cobran, los colegios funcionan, los coches circularan, la seguridad ciudadana ira pitando, los enfermos no enfermarán y se abrirán los cielos y caerá una aguacero de yuca y miel. ¡Ojala!. ¡Ojala que llueva café!.
No lo digo yo, que en eso de las valoraciones soy medido y un tanto reacio. Lo señala la oficina de prensa municipal que se pinta sola para las alabanzas y parabienes. El Plan Zapatero avanza a buen ritmo dice. Tendremos nuevos edificios municipales, colegios con teléfono, calles amplias, aparcamientos subterráneos y feriales con alumbrado eléctrico . En fin, algo de maravilla, fantástico y extraordinario de la muerte que ya ha comprobado nuestro alcalde en visitas relámpago por lo breves y tajantes. Aunque, esto que parece extraordinario, era ya muy habitual en la mayoría de las poblaciones en los años finales del siglo 19 o en los comienzos del 20. Prodigios que tienen la modernidad.
Pero vayamos a lo importante. Al grano. Aquí quién invierte, gestiona, decide el destino y asignación de los recursos públicos, conoce y estima a los vecinos es Rodríguez Zapatero. Aunque el alcalde nominal visite las obras y se alboroce, el mérito es de Zapatero y de su plan. Lo dicen así, más o menos, los comunicadores oficiales. La deducción subsiguiente es lógica. Quién presente a nuestro insigne leonés para alcalde, acierta de pleno. No en balde, lo anticipó el viejo escritor de nuestro Siglo de Oro al titular "El mejor alcalde, el Rey". El mismo espiritu lo resumió mi anciana, sabia y difunta abuela: ¡Para que queremos medios días, habiendo días enteros!.
No lo digo yo, que en eso de las valoraciones soy medido y un tanto reacio. Lo señala la oficina de prensa municipal que se pinta sola para las alabanzas y parabienes. El Plan Zapatero avanza a buen ritmo dice. Tendremos nuevos edificios municipales, colegios con teléfono, calles amplias, aparcamientos subterráneos y feriales con alumbrado eléctrico . En fin, algo de maravilla, fantástico y extraordinario de la muerte que ya ha comprobado nuestro alcalde en visitas relámpago por lo breves y tajantes. Aunque, esto que parece extraordinario, era ya muy habitual en la mayoría de las poblaciones en los años finales del siglo 19 o en los comienzos del 20. Prodigios que tienen la modernidad.
Pero vayamos a lo importante. Al grano. Aquí quién invierte, gestiona, decide el destino y asignación de los recursos públicos, conoce y estima a los vecinos es Rodríguez Zapatero. Aunque el alcalde nominal visite las obras y se alboroce, el mérito es de Zapatero y de su plan. Lo dicen así, más o menos, los comunicadores oficiales. La deducción subsiguiente es lógica. Quién presente a nuestro insigne leonés para alcalde, acierta de pleno. No en balde, lo anticipó el viejo escritor de nuestro Siglo de Oro al titular "El mejor alcalde, el Rey". El mismo espiritu lo resumió mi anciana, sabia y difunta abuela: ¡Para que queremos medios días, habiendo días enteros!.
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