07/04/2009

Semana santa

Tan ricamente, vestidos de domingo y penitentes ellos, nuestro munícipes se van tras de los pasos procesionales. Es la vuelta suprema de tuerca a la malversación de la representación ciudadana que hacemos en ellos cada cuatro años. No es que me importe. La malversación digo. Allá cada uno con sus conciencias y su hipocresía. Pero puestos a cometer ese grave pecado capital y, ante la eventualidad de que este dios católico no sea el auténtico, deberían ampliar las miras. Caigan en la cuenta de que no acuden, pongamos por caso, a la fiesta de la Expiación, ni a la del Yom Kipur. No se les ve por la labor de representarnos en las meditaciones budistas, ni en los ritos animistas nigerianos, ni en los de la Iglesia de la Cienciología, tan chuli ella con el Tom Cruise como cabeza de lista.

Ya digo. No es que me importe. A fin de cuentas nos han defraudado en tanto. Pero esta parcialidad nos puede salir cara seamos de una secta, de otra o agnósticos de toda la vida. Sentemos que, después de todo, hay un dios y no es el del Sinai. ¿Se imaginan el cabreo divino que agarrará por la postergación?. Si un dios falso montaba las que montaba a los pobres israelitas, un dios verdadero puede hacernos la puñeta con una escenografía particular de rayos y truenos acompañando la cabalgada de los cuatro jinetes esos, tan malencarados y apolíticos. Urge un programa municipal de representación ante las religiones sistemático y completo, con ofrendas y sacrificios ante altares y aras de toda condición. Aunque, quizás, ya llegamos tarde y el gobierno municipal del que gozamos no es más que una muestra incipiente y primeriza del monumental pifostio y traca final que se avecina. Y lo que mas jode es que sea por no saber discernir.