Pasó el turbión. Llegaron, caláronse los chapeos, fuesen todos y no hubo nada. Nos dejaron a las familias preocupadas por la educación con dos palmos de narices y cada cual, gobierno y comisiones de defensa, han pasado página y del corazón han ido a sus asuntos.
Nosotros en medio. Como corresponde. Enfrentados a una situación que se reproduce con cada convocatoria de elecciones. Con el conflicto como única alternativa y con un buen montón de preguntas sin respuestas. Estupefactos entre folletos publicitarios gubernamentales e invectivas de comisiones aguerridas.
Podría ser cómico. De traca. De espectáculo nocturno del Circo Price. ¡Pasen y vean, señoras y señores! No teman. Olvídense de nuevas rebatiñas a costa de la educación pública hasta bien pasadas las europeas y solo cuando se dibujen las legislativas como horizonte próximo de pugna.
Entonces si. Entonces y, solo entonces, volverá la educación pública a ser ariete de combate en manos de unos y trabuco de asalto en manos de los otros. Unos insistiendo en la calidad de una enseñanza pública que está subordinada a la primacía confesional y el liderazgo de la industria docente. Otros embarcados en la tarea de arrinconar a los profesionales comprometidos y vocacionales, en el diseño de modelos que encumbran la fidelidad ideológica de los claustros o a desmontar en detalle todo lo que suponga de pequeño prestigio para el adversario, no importa quién sea este.
Volverán entonces esas viejas rebatiñas que nos dejan a las familias inermes y sin capacidad de reacción. ¡Somos tan pocos!. Volverán, entonces, estos mezquinos combatientes para quienes la educación pública no es más que un arma. Volverán, ¡joder si volverán!. Entonces, puede que ya sea demasiado tarde y la educación pública solo admita la sedación terminal para que no sufra en demasía. Eso o el tiro de gracia.
Hace 1 día
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