04/02/2009

Momentos históricos

La frase ya ha salido a relucir en los tertulias de la radio y en los comentarios de los políticos. No sé que tiene la Historia. Cuantos mayores son los desmanes cometidos, mayor es el número de apelaciones a su autoridad. Por su culpa, culpita y con la excusa de la historia como fondo, perdonamos los saqueos de nuestro bolsillos, ingresamos en las filas del paro, nos sometemos a la férula moral de la Iglesia, abandonamos toda resistencia en favor de las grandes corporaciones y pagamos sin rechistar lo que haya que pagar para que, al menos, nos dejen en paz. ¡Ah!, la historia y los buenos momentos que nos proporciona.

Ni por esas son originales. La patente la tiene Sebastian Copons, el viejo soldado de Pérez Reverte: “Estoy hasta los cojones de vivir momentos históricos” decía minutos antes de tenerlas tiesas en el asalto a un parapeto y horas después de recibir con las orejas en alto, la soflama del maestre de campo iniciada con la frasecita de marras.

Copons lo sabía. Ventajas de ser viejo, soldado y valenciano. La granujada política apela a los momentos históricos para llevar al Tercer Estado al terreno de la inseguridad, tocarle las narices, recortar sus libertades, haciendas o derechos y proporcionarle vapuleos variopintos. ¡Cómo no coincidir con el viejo español apaleado y, además, puta!. La vida de nuestra ciudad, región o país ha sido una sucesión de anunciados momentos históricos desgraciados. Al fin de ellos, nos encontrábamos un poco más mezquinos, más desposeídos, más desprotegidos que en las horas precedentes al fatídico anuncio. Pero eso si, felices de que todo terminara, pensando que no cabía repetición alguna.

Ahora vuelve la matraca y la cantinela que presagia para nosotros nuevos palizas a las esperanzas de todos. Nos han metido en la zarabanda, situándonos en el punto de mira de bancos, gobiernos varios y oposiciones espías e inconsistentes. Es la mera repetición del guión escrito por el viejo y sanguinario dictador y seguido en su forma por sucesivos gobiernos. ¿A qué cambiar algo que funciona?. No hay posibilidad de escaparse de la fiestecita mentirosa que nos van a montar, adobada de contratos baratos y despidos más baratos aún, trufada de flexiseguridad, concepto que maneja con igual caradura cándida jefe de gobierno y jefe de oposición y estofada con servicios públicos mínimos cada vez más mínimos. ¡Ah!. ¡Mi admirado Copons!. Sería magnífico verte en un acto público de Maestres de Campo, gallardo y tozudo, atusándote el mostacho de bravo mientras les espetabas: “Miren vuesas mercedes, estoy hasta los cojones de vivir momentos históricos”. Como molaría.