Lo dice el tango. Célebre y acompasado. 20 años son nada y así deben entenderlo en nuestro gobierno municipal. La ley de Protección Civil impone a las administraciones públicas la adopción de planes y protocolos de riesgo y lo hizo en 1985. Transcurridos más de 22 años de la promulgación de la ley de marras estamos como al principio. Como si se legislara para marcianos. Que ya dicen que las leyes están para incumplirlas; igualito, igualito que afirmaba aquel admirado alcalde madrileño de los programas electorales.
Pero claro. Apellidarse Tierno Galván era una disculpa aceptable habida cuenta de su intelecto. Y no digamos de su capacidad para arrimarse a la fotogénica Susana Estrada que le añadía un plus de veracidad. Aquí no. Ni se llaman Enrique ni se apellidan Tierno y corren otros vientos distintos a aquellos festejos que vieron florecer pechos desnudos y canciones pesaditas.
En Aranjuez ni siquiera la metáfora musical sirve. Aquí no se puede aducir ni una cosa ni otra. Habría que reproducir la letra íntegra de “Cambalache” para encontrar una explicación racional. 22 años después, - ahí es nada -, la Ley de Protección Civil sigue sin cumplirse. Estamos sin planes, ni protocolos, sin nada de nada; expuestos a un vendaval, a una riada de tres pares dado el estado de nuestro alcantarillado y a no sabemos qué; teniendo en cuenta que ni siquiera se ha molestado la autoridad pertinente en discernir que posibles riesgos nos depara el futuro. Sin la moción de ACIPA, aún ni sabríamos esto. Así nos lució el pelo con inundaciones, nieves, incendios en fábricas químicas o vientos huracanados.
Ahora, al menos, conocemos que las primeras líneas de la ley son injustificadas para el caso del gobierno municipal de Aranjuez. Dicen: D. Juan Carlos I, Rey de España. A todos los que la presente vieren y entendieren, ¡sabed! Más claro el agua. Ni la vieron, ni entendieron, ni supieron. Cara nos sale esta ausencia de sentidos, en bienes, haciendas, tranquilidad y sueldos.
Pero claro. Apellidarse Tierno Galván era una disculpa aceptable habida cuenta de su intelecto. Y no digamos de su capacidad para arrimarse a la fotogénica Susana Estrada que le añadía un plus de veracidad. Aquí no. Ni se llaman Enrique ni se apellidan Tierno y corren otros vientos distintos a aquellos festejos que vieron florecer pechos desnudos y canciones pesaditas.
En Aranjuez ni siquiera la metáfora musical sirve. Aquí no se puede aducir ni una cosa ni otra. Habría que reproducir la letra íntegra de “Cambalache” para encontrar una explicación racional. 22 años después, - ahí es nada -, la Ley de Protección Civil sigue sin cumplirse. Estamos sin planes, ni protocolos, sin nada de nada; expuestos a un vendaval, a una riada de tres pares dado el estado de nuestro alcantarillado y a no sabemos qué; teniendo en cuenta que ni siquiera se ha molestado la autoridad pertinente en discernir que posibles riesgos nos depara el futuro. Sin la moción de ACIPA, aún ni sabríamos esto. Así nos lució el pelo con inundaciones, nieves, incendios en fábricas químicas o vientos huracanados.
Ahora, al menos, conocemos que las primeras líneas de la ley son injustificadas para el caso del gobierno municipal de Aranjuez. Dicen: D. Juan Carlos I, Rey de España. A todos los que la presente vieren y entendieren, ¡sabed! Más claro el agua. Ni la vieron, ni entendieron, ni supieron. Cara nos sale esta ausencia de sentidos, en bienes, haciendas, tranquilidad y sueldos.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada